Sermones de NAVIDAD

Pbro. Gustavo E. PODESTÁ


Adviento

Nochebuena (noche)
Navidad (aurora)
Navidad (día)
2º Domingo después de Navidad
Sermones del Prólogo al Evangelio de San Juan

2005. Ciclo c

2º DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD
PrÓlogo al evangelio de San Juan
(GEP 02/01/05)

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18
Al principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio del Verbo y sin él no se hizo nada de todo lo que existe. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibie­ron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz. El Verbo era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. El estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: «Éste es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo.» De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

SERMÓN

Actualmente el Diccionario de la Real Academia recoge más de 85.000 vocablos, en uso, de la lengua castellana. Si hubiera que sumar las palabras ya obsoletas, pero castellanas, que no se utilizan más, aunque son necesarias para leer autores españoles de siglos pasados, habría que añadir unos cuantos miles más.

Por supuesto que dichas palabras no son más que elementos de frases y oraciones complejas, con preposiciones, adjetivos, participios y verbos dotados de diversas flexiones que modulan millones de matices de la realidad y del pensar humano.

Es sabido que el pensamiento del hombre no funciona etéreamente, en el aire, en espíritu puro, sino en el cerebro, en las neuronas, en impulsos químicos y eléctricos, y se fija en signos, en lexemas, es decir, fundamentalmente, en palabras . Sin palabras es imposible pensar: solo imaginar pobremente la realidad. Y, sin modulaciones gramaticales, sin composición y subordinación de frases y oraciones, es imposible razonar. Las reglas del lenguaje son paralelas a las de la lógica. Las reglas de la lógica y los conceptos correctos y precisos, pues, son la única manera de aproximarse a la realidad y, por lo tanto, a la verdad.

El que, de esos 90.000 vocablos, el estudiante promedio argentino use no más de cuatrocientas palabras indica no solo problemas lingüísticos sino terrible pobreza de conceptos con los cuales aprehender la realidad. Pobreza tanto más desdichada cuánto más es el cúmulo de imágenes que, a través de los medios, invaden a borbotones, indomeñables, el cerebro de nuestros chicos.

El que sean incapaces de utilizar correctamente la gramática o, en los verbos, las conjugaciones, con sus voces, modos, tiempos, números y personas; el que no sepan distinguir el indicativo del subjuntivo, el potencial o condicional del infinitivo o del imperativo, el presente del pretérito imperfecto o del pretérito indefinido, el futuro imperfecto del pretérito perfecto o del pluscuamperfecto, el pretérito anterior del futuro perfecto.; el que sea lo mismo el 'hube' que el 'habré', el 'he habido', el 'había habido' o el 'hube habido', el 'habría' o el 'habría habido', el 'hubiera' y el 'hubiese' o 'hubiese habido'... es una confusión, que, aunque parezca cuestión de detalle o purismo, impide pensar la realidad con rigor, de manera científica, razonable. Induce al macaneo, a las vaguedades, a la 'sanata', a que no sea posible alcanzar la verdad, a que todo se mantenga en el campo de lo opinable, a que sea imposible ninguna discusión seria sobre tema importante alguno, ni puesta de acuerdo común.

En el campo de las grandes ideas, de los grandes valores, de la reflexión sobre el sentido de la vida, de la concepción del hombre, del conocimiento de Dios, la ignorancia del lenguaje, sus accidentes y su lógica, es igual que, para un ingeniero o un físico, la ignorancia de la matemática, y de los símbolos y fórmulas físicas y químicas.

Justo cuando, aparentemente, nuestra época da al individuo una libertad omnímoda para que elija sobre su vida y se forje su propia concepción del mundo, es cuando la mayoría, a través del empobrecimiento pavoroso del lenguaje, tiene el instrumental menos adecuado para pensar, para tener ideas, para manejarlas, para interpretar personalmente la realidad. Tiene que recurrir, sin darse cuenta, al par de ideas o slogans que le imponen los medios, el ambiente, la contracultura contemporánea, las frases adocenadas, las palabras vacuas.

Un lenguaje de vacía semántica y cortedad de conceptos, en donde, por ejemplo, desaparecen o se deforman vocablos como gracia, pecado, Dios, sacramento, sobrenatural, vida eterna. incapacita al hombre no solo para idear, sino para llegar a las realidades que esos términos señalan. 'Palabra' es un apócope de 'parábola'. 'Lo que es arrojado hacia', 'lo que apunta a algo'. Sin la palabra que apunta hacia el ser, hacia la realidad, es imposible llegar racionalmente a ésta.

Eso lo entendía perfectamente el hombre de las épocas clásicas, las que forjaron la gran cultura. Para el griego o el latino, palabra y pensamiento eran la misma cosa y se designaban con el mismo término. Logos , en griego, es al mismo tiempo el vocablo y la idea. Verbum , verbo, para el latino, también es simultáneamente el signo fónico y el concepto. El hebreo va más lejos aún, porque el término ' dabar ', significa no solo idea y palabra sino también la realidad, la cosa designada por ella.

De allí que los filósofos cristianos distinguían tres modos de existencia de la palabra o el verbo: en la mente de Dios -decían, en la realidad de las cosas o en las palabras, y en la mente del hombre . Y, justamente, la posibilidad de participar del mismo 'verbo' con el cual Dios piensa las cosas, tratando de descubrir el significado de éstas, investigándolas, es la grandeza propia de la mente humana. Mediante esos verbos recogidos en el universo el hombre se pone en comunicación nada menos que con el pensar de Dios.

Porque, en última instancia, la 'palabra' -el 'verbo', el 'logos', la 'idea', la 'razón'- es el instrumento no solo de configuración e investigación de la realidad, sino, sobre todo, el medio que tienen las personas de comunicarse . La palabra sirve, por supuesto, para escribir tratados de filosofía, de historia, de geografía, de astrofísica, para transmitir noticias, para labrar contratos, para emitir leyes y reglamentos, pero, sobre todo sirve para comunicar personas . Sin palabras o, al menos, sin algún tipo de signos, no existe entre los seres humanos posibilidad de abrirse el uno al otro y, por lo tanto, es imposible el convivir, la sociedad, y, mucho menos, el amor.

El amor que vincula a las personas y las hace coexistir en amistad, en familia, en sociedad, se funda en el alado vehículo y conexión de las palabras. Y, cuanto más rica es, a través del lenguaje, la interconectividad de los hombres, más posible la profundización del amor que une, que enriquece mutuamente.

Porque es sabido que la palabra no solo transmite conceptos, sino también sentires, sensaciones, perfumes, estados de ánimo, asociaciones, que se plasman ya no en tratados o tesis doctorales o artículos, sino en poesía, en cartas de amor, en misivas de consuelo, en exhortaciones al valor, en instancias a la perfección.

En última instancia, la palabra es el gran instrumento, no de las ideas o las comunicaciones mediáticas, sino de la autocomunicación . Solo puedo darme en el amor a aquel que es digno de mi amor y a quien quiero amar, si me expreso, si me abro, si me revelo como soy, para darme a mi mismo transparente, diáfano, al amado o a la amada.

La triste realidad es que si el vocabulario común asciende a la exigua suma de cuatrocientos vocablos, según los expertos, el del 'chateo' a través de Internet -supuestamente un modo que tienen los jóvenes de salir de su aislamiento- no va más allá de doscientos. ¿Qué ideas, qué pensamientos, qué sentires, qué proyectos, qué ansias, qué cosas sublimes podrán comunicarse los pobres chicos a través de tan indigentes medios expresivos, a veces hasta suplidos por un ícono ?

Pero ya sabemos de la nueva pedagogía que impera en nuestra enseñanza oficial de no hacer leer casi nada a nuestros jóvenes, de no imponerles gramática alguna, de permitirles expresarse de cualquier manera. Ya sabemos de la comprensión mínima de los textos del lector adolescente y lo difícil que resulta, así, cualquier tipo de enseñanza. ¿Qué podés enseñar al que no te entiende?

Pero esto no es casual: es el modo querido por el marxismo y otras escuelas anticristianas e inhumanas precisamente para deshumanizar al hombre, para quitarle auténtica libertad, para impedirle pensar, para opacarle todo límite y escala de valores, para trabarle la posibilidad del auténtico amor y de la convivencia familiar y, sobre todo, para cerrarle desde el vamos toda posibilidad de abrirse a la palabra de Dios.

Así es: en última instancia, la 'extinción del lenguaje' que diagnosticó alarmado el último Congreso sobre la Lengua Castellana realizado hace poco en nuestro país, es no solo una de las últimas andanadas de la revolución contemporánea contra la convivencia y la moral natural y humana, sino contra la máxima posibilidad de lo humano que es su apertura, precisamente a través del lenguaje, de la palabra, a la comunicación y el amor de Dios.

Porque también a nosotros Dios se nos revela como 'palabra'. Decir que Dios es amor, como le define San Juan, es lo mismo que afirmar que es Palabra. Porque palabra es, antes que nada, eso: comunicación de sí en el amor. Y el amor es, antes que nada eso: yo, que me hago palabra diciéndo me y dándo me .

En realidad toda la creación está concebida como una iniciativa del amor de Dios que Se dice en la creación y, mediante ella, Se comunica al hombre. " Y dijo Dios , sean las cosas y las cosas fueron". Toda la creación es como una especie de libro, de poema, de cantiga -decían los teólogos medioevales- con el cual Dios Se dice, Se revela, y canta al hombre, tratando de llamarlo a diálogo de amistad.

" La Palabra -el Dabar- de Dios dijo, sean las cosas, y las cosas fueron". Así traducían los rabinos en la época de Cristo el primer capítulo del Génesis. Habían entendido lo de la Palabra de Dios, lo de Su búsqueda ansiosa del amor de Su pueblo. La realidad -dedujeron- está cargada de palabras que Dios dice o susurra o sugiere al hombre, intentando el encuentro, la comunicación, los lazos de amor. Palabra que se plasma sobre todo en la Torá , en los consejos amorosos que son su Ley, en las 'diez palabras' o mandamientos mediante los cuales modela y acaricia al hombre para que intente la perfección y aspire a la felicidad.

Lo que no podían saber los judíos era que, en Su interioridad misma, Dios era comunicación de amor y Se decía a Si mismo en pura expresión, la de Su Verbo, Su Logos, Su Palabra. Eso lo descubre Juan, cuando se da cuenta de que Dios, más allá de la creación, más allá de su Ley, Se ha dado, Se ha revelado, Se ha declarado al hombre, en Jesucristo. Ya no son necesarias muchas 'palabras', como dice la epístola a los Hebreos (1, 1-2), porque Jesucristo es La Palabra plena, el decirSe todo, el regalarSe entero, el Verbo eterno con el cual Dios Se dice y, en Jesús, el hijo de María, Se entrega al hombre.

" Al principio era el Verbo ". Gran parte de la tradición occidental lo entendió contrariamente a "Al principio era el Poder", o "Al principio era la Energía ", o "Al principio era el Caos", o " la Casualidad "; como afirmando que toda la realidad que deriva de ese principio está estructurada por la razón, por la inteligencia y, por eso es razonable, por eso los sabios pueden escrutarla y entenderla, por eso tiene sentido, nada es absurdo, todo, tarde o temprano, posee explicación.

Pero, para Juan, decir que "Al principio era el Verbo" es mucho más: es decir "en el principio hay Alguien que Se dice y entrega en comunicación de amor", en don de Sí, en despojo de Sus riquezas, en irradiación de Belleza y Bondad.

"Al principio era el Verbo" es decir: en el fondo de toda realidad hay un reclamo de amor, un palpitar creador de un poeta divino enamorado, un éx-tasis, un salir de Sí.

"¡La voz de mi amado! Ahí viene, saltando por las montañas, brincando por las colinas." así describe el salir de la Palabra divina en la creación el 'Cantar de los Cantares' (2, 8) " ¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía!" (2, 10), nos reclama el Esposo en la creación, en el acontecer de todos los días y, sobre todo, en el Verbo que habitó entre nosotros.

Palabra enamorada que nos recrea "no de la sangre ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre", sino desde el poder de Quien todo lo hace para abrazarnos en amor de padre y, en su Verbo, darnos la posibilidad de "llegar a ser hijos de Dios".

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