INICIO

Sermones deL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Pbro. Gustavo E. PODESTÁ


Adviento

 

2005. Ciclo A

11º Domingo durante el año
(GEP 12/06/05)  

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 36-10, 8
En aquel tiempo: Jesús, al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rogad al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha". Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. A estos doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayáis a regiones paganas ni entréis en ninguna ciudad de samaritanos. Id, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Vosotros habéis recibido gratuitamente, dad también gratuitamente".

SERMÓN

El pasaje que acabamos de leer marca, en el evangelio de Mateo, como una especie de cambio de dirección en el propósito del evangelista. Hasta este capítulo noveno, había estado describiendo a Jesús , su figura, su ser y su misión. Ahora comienza, en un desarrollo que le llevará hasta el capítulo once, a hablar de la misión y ser de sus apóstoles .

Y Mateo, que escribe muchos años después de la muerte y ascensión de Jesús, rescata esta escena del pasado, tal como puede recordarla con los documentos y tradiciones de que dispone, para explicar cómo, habiendo desaparecido Jesús, su acción prosigue en la Iglesia mediante otros cristianos llamados a seguirlo de un modo especial.

Porque ya sabemos que la Resurrección de Jesús no había significado su vuelta a esta vida, sino un triunfo definitivo que lo situaba -aunque siempre presente entre los suyos- más allá de las coordenadas visibles y tangibles de este mundo. Si su misión había de continuar, no sería a través de escritos , o de una escuela de seguidores -a la manera de los filósofos-, sino por medio de otros seres humanos de carne y hueso que asumieran su papel, y lo hicieran por mandato y en nombre de Jesús.

De allí que, en la teología mateana, los continuadores de la misión de Cristo no son meramente ' discípulos ' sino que, entre ellos, habrá de haber algunos designados como ' apóstoles ' para enseñar y actuar, no en nombre propio, sino en nombre de Jesús. Aunque la semejanza sea lejana -ya que un filósofo o maestro solo transmite conocimientos y no la vida sobrenatural, como lo hacen los continuadores de Cristo- un discípulo de Aristóteles , por ejemplo, podría cambiar la doctrina de su maestro y, de alguna manera, lo mismo pertenecer a la 'escuela' de éste. Ser 'aristotélico'. Más recientemente, Hegel ha tenido infinidad de seguidores. Empero ninguno de sus alumnos pretende hablar en nombre de éste; tanto es así que se dividieron, luego, en ramas muy diversas. Se habla, así, de una 'izquierda' hegeliana -donde estarían embanderados Strauss , Feuerbach , Marx , Engels - y una derecha hegeliana -con Gabler , Hinrichs , Bauer , cuando joven-. A ninguno de ellos Hegel hubiera reconocido como intérprete idóneo de su doctrina.

Eso no pasa con Cristo. Si bien es cierto que su enseñanza ha influido en multitud de gente y podemos decir que, hoy en día, no existe en la humanidad ninguna ideología que, de una u otra manera, no haya sufrido el influjo del cristianismo y, peor aún, que sus admiradores se han dividido en multitud de sectas, Mateo se ocupa bien de precisar que solo tienen autoridad y personalidad cristiana vinculante, siendo intérpretes auténticos de su enseñanza al mismo tiempo que canales de su poder, no cualquiera que se diga admirador o seguidor de Jesús ni que repita o cite su evangelio, sino aquellos que han sido y son 'enviados' por Él.

Es claro que una cosa es ser 'discípulo' y otra, aún en su sentido genérico , ser 'apóstol'. Y, aunque de alguna manera todo discípulo tiene que sentir el deber de ser apóstol, las dos cosas no se identifican. Para ser apóstol no basta ser discípulo. Aunque, lamentablemente, hemos de decir que no siempre los apóstoles, a lo largo de la historia de la Iglesia , se han comportado como verdaderos discípulos. Empezando por Judas.

Pero de lo que queremos hoy es hablar de 'apóstol' en sentido específico . Ya sabemos que, en griego, el verbo 'apostello' quiere decir 'enviar en lugar de uno'. Es mucho más que llevar un mensaje. Es 'representar' a alguien que, de otra manera, no podría hacerse presente allá donde quiere llegar. ' Apóstol ', en griego, quiere decir 'embajador'. No espontáneo, sino con la autoridad y designación del mandante. Y, en la antigüedad, esta representatividad era tan considerada realísima, que una ofensa hecha a un embajador, era como directamente infligida a aquel a quien representaba.

Mateo -contrariamente al evangelista Juan que insistía en la fraternidad e igualdad de todos los cristianos- ya nos muestra una Iglesia organizada, en la cual, si todos han de ser seguidores del Señor, discípulos, habrá algunos que llevarán adelante su representación, su palabra, autorizados por el envío, por el llamado, por el nombramiento o, como se dice hoy técnicamente, por la 'ordenación'. Por eso nuestra Iglesia no se confiesa simplemente cristiana, sino única y apostólica . No en el sentido de que 'hace apostolado', sino porque está fundamentada en el 'envío' y la 'misión' dada a los apóstoles por Cristo. " El que a vosotros escucha a mi me escucha; el que a vosotros recibe a mi me recibe ."

A diferencia de los apóstoles o embajadores puramente humanos que solo representan a sus mandantes en el mapa de las distancias, el envío de Jesús y su representación nos llega no solo del espacio que hay de Buenos Aires a Palestina, sino de lo que va de este año 2005 al momento del envío de Cristo en la escena que hoy nos trae Mateo. Toda la Iglesia católica -es decir 'universal'- y apostólica es una inmensa red que, desde el centro de la usina de nuestro Señor, mediante los cables de la sucesión de los apóstoles, nos hace presentes la fuerza de su poder y el eco siempre vivo de su palabra.

Por eso hablamos de 'sucesión apostólica'. Cuando ésta no existe o se interrumpe por cualquier motivo -piénsese en la llamada Iglesia Anglicana- nadie puede arrogarse el derecho de hablar en nombre de Cristo. Los obispos y sacerdotes legítimos son los que gozan de sucesión apostólica. Su poder y su palabra les viene de una línea ininterrumpida de envíos hechos por y con la autoridad del mismo Cristo y que viene del instante solemne del gran envío de los Doce que el evangelio hoy nos describe y refrendará Jesús una vez resucitado.

Es desde este emocionante episodio de donde me viene a mi, el poder celebrar hoy, en 'Madre Admirable', la Santa Misa , absolver, llevar adelante la parroquia, predicar -cuando lo hago, por supuesto, no exponiendo mis puntos de vista personales sino la palabra de Cristo y de su Iglesia-. En dependencia de mi arzobispo Jorge, una de las tantas cadenas, esta vez en Buenos Aires, de la sucesión apostólica. Y de mi Papa Benedicto, sucesor de Pedro, el príncipe de los apóstoles.

Cierto que esta sucesión, aunque históricamente -como todos los hechos verdaderamente humanos- me conecta con el pasado y con el histórico envío apostólico de Jesús en su vida mortal, al mismo tiempo me pone en contacto directo con el Cristo Resucitado actualmente viviente y presente entre nosotros mediante Su espíritu. No se trata de un poder que nos venga de hace dos mil años, a la manera de la legitimidad de una dinastía hereditaria: se trata de la presencia viva y siempre actual de Cristo y su Espíritu dando luz y vida a la Iglesia en cada momento. Pero, garantía de esa presencia sobrenatural es, precisamente, la constatable sucesión apostólica . No hay obispo católico en el mundo -ni tampoco sacerdote- que teóricamente no pudiera reconstruir, si quisiera, la larga línea de obispos que lo religan a alguno de los apóstoles. Y eso es lo único que garantiza el que, aquí y ahora, goce de la autoridad y la gracia que le delega el Señor.

Curioso el conjunto de los doce apóstoles que hoy elige Jesús. Podríamos decir que entre ellos hay de todo, si eso fuera cierto. En realidad no lo es. No encontramos personajes deformes, ni criminales convertidos, ni esclavos o príncipes, ni especialmente genios o especialmente tontos e ignorantes. Digamos que, según los parámetros de la sociedad de su época, se trata de gente más bien de buena posición social y cultural, hoy diríamos clase media, empresarios, profesionales. Esta clase estaba entre el 10 por ciento de la gente más acomodada de la época. Hay que pensar que el resto, la inmensa mayoría, vivía en una gran pobreza. Aquí nos encontramos, en cambio con un contador, inspector de aduanas, unos cuantos empresarios de pesca, con sus barcos propios, amigos -hermanos algunos- entre sí, como Santiago y Juan, los llamados 'hijos del trueno', seguramente unos tanques, y Simón y Andrés, también hermanos, aunque sólidos -uno 'piedra'-, de mejor carácter. Tenemos también un curioso Simón el Cananeo o el Zelote, seguramente -según el apodo- personaje metido a política contestataria, de derecha y de armas llevar: Un no del todo precisado Iscariote, cuyo nombre parece referirse a la agrupación de los sicarios, guerrilleros no a bomba -que no las había- sino a traidor puñal -y que, ya lo sabemos, acabará tan mal-. Tendremos también un miembro de la casta sacerdotal, Juan el evangelista, que luego será identificado con uno de estos Doce. Y, más tarde, asimilado a ellos, un erudito petizo de mal carácter: Pablo. Casi todos, aparentemente, casados -de algunos de ellos conocemos el nombre de algún hijo e, incluso, algún nieto-. También había solteros. Todos, pues, varones y normales.

No hay entre ellos ningún 'super', pero tampoco ningún 'atrasado'. Y esta primera configuración, salvo excepciones, se transformó, un poco, en norma durante la historia de la Iglesia. Hoy, en el Derecho Canónico, aunque no siempre se cumple, la exigencia para entrar en el orden apostólico, en el sacerdocio, tanto presbiteral como episcopal, es que el candidato sea un varón bien varón, sano de la cabeza y del cuerpo, y dispuesto a tratar de hacer lo que le pida Jesús a través de la autoridad legítima de la Iglesia. Y lo que lo hará sacerdote, sucesor de los apóstoles, será la 'ordenación', el llamado de la Iglesia.

Y aquí es bueno disipar algún malentendido que, a veces, aparta a candidatos perfectamente idóneos, de la vida sacerdotal. Se habla demasiado de 'vocación'; de 'llamado' de Jesús. Y entonces se presentan muchachos que preguntan "¿Cómo se si el Señor me llama al sacerdocio?" O, "Me gustaría; pero no siento ningún llamado ". Confunden el llamado o la vocación con algún tipo de gusto, de inclinación, o, peor, de revelación personal. Y lo cierto es que el sacerdocio como tal no es una cuestión de gusto ni de especiales talentos. Como ya hemos dicho cualquier varón normal tiene talentos suficientes para ser sacerdote. En principio todo varón en sus cabales tiene en potencia vocación sacerdotal; y sus padres deberían señalarles que es una de las posibles opciones para su vida.

Por otra parte, la vocación al sacerdocio de ninguna manera puede salir de mi 'gusto'. Mucho menos de una cierta afinidad con la liturgia o los ornamentos sacerdotales o los ritos. Sería como pensar que uno tiene vocación militar porque le gusta el uniforme de los cadetes y los desfiles. Pretender ser sacerdote porque 'me gusta' o 'siento inclinación' a ello sería un pésimo comienzo. Y, de hecho, lo ha sido en multitud de ocasiones.

La clave está en la primera parte de nuestro evangelio de hoy: la compasión, la pena por el prójimo, una vez que uno ha entendido lo que significa ser cristiano y la desdicha del no serlo. " Jesús, al ver a la multitud , -relata Mateo- tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor ." Es, por otra parte, lo mismo que veía Mateo en su época: judíos extraviados por los fariseos; paganos detrás de falsos dioses; gente miserable no solamente en lo económico, sino sobre todo en su soledad, en su sinsentido de la vida, en el mal ejemplo de sus dirigentes, en la confusión con que los abrumaba la oferta contradictoria de diversos sistemas de vida, divinidades, objetivos, su falta de cultura, su carencia del aprecio por lo grande y lo bello, su ignorancia del horizonte de vida eterna; las penas y sufrires a las cuales nadie consolaba ni podía dar significado.

Mateo, que había encontrado la luz de Jesús, ahora, cuando escribe, se desespera en entrañas de compasión al ver la cantidad de gente a la cual podría llegarse con la oferta del Reino y la falta de heraldos, de embajadores para hacerlo. "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos". Mateo repite entristecido las palabras que un día escuchó decir a su Señor.

"Pero es que yo rezo y rezo y no siento ningún llamado". Si sintieras algún llamado, si me dijeras que Dios te ha hablado, no servirías para presentarte de candidato al sacerdocio, sino más bien para internarte en el Borda.

Lo de la vocación, lo del llamado, no consiste en ningún reclamo que uno pudiera experimentar más allá de su reflexión viendo la situación del mundo y de la Iglesia. La constatación de la falta de sacerdotes, de la maravilla del ser cristiano y transmitirlo, y del poder inmenso y despiadado de los enemigos de Cristo, junto a la decisión viril de salir a luchar por El y rescatar a los hermanos. Cuestión de agallas, de testosterona, no de sueños místicos.

El que sea 'vocación', proviene que no será solo esa decisión tuya la que te haga finalmente sacerdote, sino la imposición de las manos del obispo, la 'ordenación' y, por lo tanto, el poder hablar no en tu nombre ni por los conocimientos del evangelio que podés leer o los estudios que puedas hacer, sino en nombre de Cristo, por la misión transmitida en sucesión apostólica, en mandato de Cristo, y que te dará la potestad, mediante la palabra y los sacramentos -como dice Mateo en el lenguaje de su época- de 'expulsar a los espíritus impuros' que ahogan a nuestra sociedad y a nuestros pobres hermanos, y 'curar' con la fuerza del espíritu 'todas sus debilidades y penas'. ¡El santo poder de celebrar la Misa , de perdonar!

"Proclamad el Reino de los Cielos; curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios" ¡Que maravilla!

Este año han ingresado como candidatos al sacerdocio en Buenos Aires, la diócesis más poblada de la Argentina , apenas ocho muchachos. El número más bajo, quizá, de la historia de nuestro seminario. De esos ocho chicos presumiblemente se ordenarán, al cabo de seis o siete años, menos de la mitad.

Ovejas sin pastor. Cosecha abundante. Trabajadores pocos. Rogad al dueño de los sembrados que envíe trabajadores, hombres valientes, para la cosecha.

MENÚ