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Sermones deL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Pbro. Gustavo E. PODESTÁ


Adviento

1982. Ciclo B

22º Domingo durante el año

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7,1-8.14-15.21-23
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?» El les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres» Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre»

Sermón

           

Es curioso ver cómo, en medio del más general escepticismo y desaliento, buscando algo sobre lo cual reedificar la confianza de la gente, ha comenzado a hablarse nuevamente -y a hacerle abundante propaganda televisiva y repartir gratuitamente textos- de la Constitución Nacional. Hiperbólicos ditirambos a su texto y a sus redactores, inspiración de genios, panacea para todos nuestros males y dolencias, tratan de mostrarla, casi como sagrada Escritura. Aunque, con ciento ochenta años de edad -no siendo precisamente la Biblia, y no habiendo servido nunca para nada- el texto, puede sospecharse, sea algo vetusto.


Facundo de Zuviría (Lola Mora , Parque San Martín, Ciudad Salta) .

Ni hablar de revisar la historia ni ver quiénes la redactaron. Salvo honrosas excepciones ni representaban el país –Buenos Aires estaba ausente y la mayoría había sido nombrada a dedo por Urquiza-, ni era gente especialmente idónea y preparada. Ni mencionar que fue redactada por siete diputados inspirados en Alberdi –que odiaba a los militares y creía firmemente en los comerciantes- “ de quienes es y de quienes depende ” –decía- “ el futuro grandioso del País ”. Ni aludir a que se trata de un plagio de la Constitución Americana, ni apuntar que el proyecto fue discutido y aprobado en apenas doce días, ni que el mismo presidente del Congreso, Facundo de Zuviría , decía que era un disparate pretender imponerla a la Nación, Mucho menos, hacer ver que tiene principios deletéreos para la tradición cristiana del país; que, desde su promulgación, nunca pudo aplicarse integralmente. Y, más, debió dejarse periódicamente de lado para poder salvar a la Nación. Tampoco preguntarnos si una legislación creada en la asepsia utópica del racionalismo y escrita para hombres ideales, podrá servir no solo en una sociedad de hombres comunes y pecadores sino asediada por enemigos externos e internos, en medio de una revolución y crisis mundiales frente a los cuales no puede oponerse la frivolidad de las ferias sino el alerta de los campamentos. Todo esto hoy no parece lícito preguntarlo.


Alberdi, 1810-1884

Sin embargo, Cristo, este domingo, llama la atención sobre la fácil tentación de individuos y sociedades de dar mayor importancia a la legislación escrita que a la formación interior y responsable del hombre. Contrapone los principios éticos permanentes a las reglamentaciones leguleyas de los hombres. Las ordenanzas minuciosas y prolijas de los fariseos a los dictados del sentido común y la prudencia. Hasta el punto que muestra como en nombre de esas falsas leyes se vulneran los principios mismos de la justicia.

(1) Yo me rio de las revoluciones e institucionalizaciones o democracias hechas de reglamentos, ordenanzas y discursos. Mientras se permita la perversión de las costumbres; mientras no se predique con la elocuencia del ejemplo austero; mientras pululen -en el cine y la literatura y el periodismo mañoso y disolvente- los tósigos de la mentira y las falsas ideas; mientras no se encaminen la educación y la cultura por las grandes rutas de la sabiduría cristiana y se entregue en manos de los papagayos de siempre; mientras no se castigue ejemplarmente a los delincuentes de gran alzada y de los grandes puestos y se neutralice a los ideólogos de la subversión; mientras no se restablezca y proteja la unidad y amistad de la familia y la autoridad de los padres y se cuide la formación integral de los hijos; mientras flameen los colores patrios solo en las tribunas de los estadios de futbol, o al son del folklore de pacotilla, o en falsas dialécticas xenófobas; mientras no haya sentido de nación, de grandeza, de comunidad, de misión y de empresa, de amor y de fuerza, de cristianismo y de gesta; por más constituciones y leyes que haya poco habremos cambiado.

Es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino” –como dice Jesús-. Y es ese interior y no solamente las leyes o las estructuras lo que hay que cambiar.

Lamentablemente, el cambio, la modelación o corrupción del interior del hombres está hoy en manos del enemigo, mediante la transformación de la cultura a través de los medios, la falsa educación, las leyes gestadas en los parlatorios de los congresos ignaros o protervos.

Poco podemos hacer a ese nivel donde dominan los resortes del Estado y los grandes capitales. Hagamos, empero, lo que está aún a nuestro alcance. Defendamos nuestro interior y el de nuestros hijos.

Porque falla por la base quien cree que las grandes naciones se construyen por medio de reglamentos y legislaciones y no por la formación de personas responsables capaces de cumplirlos.

Que, en vista a mejores y más propicios tiempos, preparemos, al menos, un puñado de cristianos que rescate su dignidad y libertad de hijos de Dios y puedan, ese día, convocar a la reconquista.

1- Gran parte de lo siguiente está copiado de un sermón del año 1976.

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